Una de las cosas que realmente entusiasman en un campamento es el baño. Una buena playita que brinde seguridad y un curso de agua es un elemento importante en la vida al aire libre… Tras el cansancio del trabajo o de un juego fuerte, un baño resulta impagable. 

En mis andanzas canoeras por el río Negro, después de remar seis o siete horas, un baño era algo fuertemente regenerador; parecía que me volvía la vida al cuerpo; me dejaba como nuevo. Era algo así como el premio a la labor cumplida…

El agua tiene verdaderamente esa propiedad. Por eso la historia y también Cristo tomaron el agua como signo externo o sacramento.

Cuando yo era niño, mis padres me llevaron a bautizar y el sacerdote derramó sobre mi frente… agua, y esa agua corriente, al igual que ésta del arroyo en que me baño, hizo brotar en mí una vida nueva; la vida del hijo de Dios…

Ese agua tuvo la fuerza para hacerme morir al pecado, y la frescura para hacerme nacer de nuevo; por esa agua quedé convertido en hombre nuevo…

Justamente es eso lo que el hombre desea: una sociedad nueva sobre la base de un hombre nuevo, y el Bautismo me hace hombre nuevo.

Ser hombre nuevo supone: morir… Al egoísmo, a la vida fácil, a la sociedad de consumo, a la superficialidad, a la obsesión sexual, a la indiferencia…

Para resucitar… A la generosidad, limpieza de pensamientos y acciones, responsabilidad, lealtad, caballerosidad…

Siempre he pensado en lo doloroso que es morir a algo que está muy arraigado en mi vida: es como una operación en la que tratan de extirparme algo, pero ese trance doloroso es necesario, si en realidad quiero salvar mi vida.

Así lo decía Jesús: “El que quiere seguirme, que renuncie a si mismo, que cargue con su cruz y que me siga. En efecto, el que pierde la vida por amor a mí, la hallará”.

Y renunciar a mí mismo es olvidarme de lo mío para pensar en los otros, defender la dignidad de mi persona contra mis inclinaciones deshonestas, amar y ayudar sin buscar ni entrar en el juego de la compensación, reconocer mis propios límites, en las relaciones con las personas del otro sexo superar las etapas de la cosificación para llegar a descubrir a la persona, aceptarme tal como soy, aun en los aspectos que no me agradan, ubicarme en mi realidad y no vivir en un mundo irreal que me proporciona la propaganda o la envidia que induce a desear la vida que llevan los otros, saber luchar en mis dificultades y no desanimarme por los fracasos.

Todo esto cuesta, y esto es cargar con la cruz, pero es también encontrar la verdadera vida… es la operación que necesito.

¿No te decía que la ley scout es un calco del Evangelio de Jesús?

Es que Baden Powell sabía dónde pisaba y lo que quería de la juventud… y de lo que era capaz la juventud.

 

 

(del libro “Cristo y el Scout” de Carlos Kunitzki, c.m.f.)

 

Tortuga Alegre

 

 

 


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