El paseo, cumplido a este lugar en ocasión de encontrarse la Compañía, acampando en el vecino pueblo de Bajo Hondo, el año 1918, había dejado impreso en el ánimo de todos sus componentes desde el Jefe hasta el Lobito, el deseo de vivir, durante varios días y noches, en ese paradisíaco rincón, descubierto para sus aventureros sueños, en la ocasión recordada.
Dicho lugar, reunía todos los elementos naturales necesarios, para la convivencia mancomunada del hombre y natura. Agua en abundancia provista por el caudaloso rio Sauce Grande, sombra proyectada por álamos, sauces, cipreses y los frondosos eucaliptus. Leña en abundancia proveída por las ramas desgajadas por la fuerza de los vientos invernales.
Verduras y frutas de la estación, producidas en las quintas del lugar, y, naturalmente carne faenada en las estancias vecinas.
En el lugar conocido por “El Puente de Las Oscuras” denominación dada por la existencia de un puente carretero que cruza en dicho lugar al Sauce Grande, existía un comercio, que en nuestra campaña se conocen como de “Ramos Generales”, pues como los actuales y modernos “Markets” vendían desde alfileres, hasta maquinarias para el agro. En ese comercio (muy visitado por los Scouts acampantes, para la compra de golosinas y divertimento, entre estas últimas, la tradicional “bolita” se agregan el pan fresco (galleta de campo) y alguno que otro elemento…
Nota (en la transcripción de los manuscritos, se ha perdido la página que debería ir en este lugar)
… Los que habían cumplido la campaña del primer gran campamento de 5 días de duración en Bajo Hondo, así como los del posterior en ese mismo lugar, ya podían entrar en la categoría de “veteranos”, pero, los ingresados con posterioridad, sentían bullir en sus mentes juveniles el recóndito instinto aventurero, influenciados principalmente por los relatos (un tanto novelescos de aquellos) así como por la normal predisposición propia de la edad de los neófitos.
Así la labor de los instructores, tenían que complementar el practicismo de las clases sobre: instalación de un campamento, tareas diarias en el mismo, guardias diarias, diurnas y nocturnas, misión de las mismas e importancia de sus cometidos, concursos de competencia, practicas, y de juegos scouts con los consejos sobre cuidados personales y del equipo a observar. Comportamiento general teniendo cada Scout especial atención en el cumplimiento del axioma que dice: la libertad de cada individuo, chico o grande termina cuando afecta con su utilización impropia la de los demás integrantes de la comunidad.
Aunque no faltaban los que ensimismados en las fáciles aventuras visionadas a través de los relatos de los “veteranos”, no prestaban la debida atención a las explicaciones y prácticas que les impartían los maestros y demás graduados.
Cuando ya se consideraron todos los preparativos tanto los espirituales como los materiales, habían cumplido lo que determinaban los planes básicos del campamento, se dio la orden de partida de la Compañía (ya integrada por tres secciones) fijando al efecto la medianoche del viernes víspera del Carnaval. Ya dijimos en los enunciados de otros campamentos similares que se elegían para la realización de estos eventos los feriados que abarcaban mayor número de días, tales como Semana Santa o Carnaval, teniendo en cuenta tanto los asuetos escolares, como los feriados para los que trabajaban en la Base Naval, o comercios de Punta Alta.
Se deja constancia que, cuando los campamentos abarcaban los días de la Semana Santa, se cumplían los ritos sagrados en los lugares que existían templos o capillas, en caso contrario los católicos concurrentes al campamento, obtenían de sus párrocos, la debida dispensa. Asimismo, el día señalado por la eucaristía, se rendía debido homenaje al Creador, en la formación general del día.
Cuando el tañido de las lejanas campanas de los buques surtos en las dársenas de la Base Naval, anunciaban con su broncínea voz, las 12 de la noche, la Compañía Scout, se puso en marcha teniendo como punto a alcanzar en ambiciosa jornada (el recorrido se cumplió a pie y en tiempo mínimo) el “Puente Negro de Las Oscuras”
Kilómetro tras kilómetro del largo trayecto, se realizó sin otras novedades que, el relevo de los que transportaban los carritos con los víveres y vituallas, estos marchaban en avanzada, y auxiliados por una brillante noche, donde la luna regalaba sus plateados destellos como si con ello quisiera premiar la osadía de estos nocturnos caminantes. Alguno que otro rezongo del Guía de Patrulla, porque a algunos de sus integrantes se les soltaban con demasiada frecuencia los cordones de los zapatos, oportunidad que aprovechaban para sentarse en tierra, y descansar, aunque mas no fueran unos pocos minutos.
Para atemperar el cansancio, la falta del acostumbrado descanso nocturno, y sus consecuencias en el humor general, se ordenó cantar, así fueron sucediéndose en las voces juveniles, que tomaron positivo aliento en sus ya menguadas fuerzas, las canciones de ruta ensayadas en la Sede Scout, otros campamentos y las innumerables excursiones y paseos cumplidos hasta la fecha.
Las voces humanas, se entremezclaban debido a la hora de la noche y madrugada con los mil y uno ruidos nocturnos producidos por los habitantes irracionales que despertaban a la vida en pleno campo con las primeras horas de la noche, grillos, aves nocturnas, alguna trasnochada perdiz, que después de un largo día vivido entre los campos recién cosechados, volvían a sus dormideros, portando en sus picos el sustento para sus hijuelos.
Ya con las primeras luces del alba, completaban el original coro, los habitantes mayores de las praderas y corrales, el ganado vacuno, caballar, y sus hermanos menores, las ovejas, cabras y las aves de corral. Más tarde completarían el conjunto, los artistas del “Bel canto” las aves canoras.
Debido al evidente cansancio de los excursionistas, las voces que emitían las letras de las canciones scouts, iban perdiendo el brillo y eco original, hasta quedar reducidas a veces en las voces mas graves de los Maestros, Ayudantes y demás graduados que en esa forma querían infundir animo en los más chicos.
Ya había quedado atrás la población de Bajo Hondo, cuyas mortecinas luces de algún negocio con trasnochados clientes se entreveían a través de los postigos de las ventanas.
Las ansiosas preguntas de: ¿Falta mucho todavía Maestro? u otras similares eran satisfechas de inmediato y en tono consolador de: -No, estamos muy cerca, ya verán pronto la cima de los primeros árboles, detrás de aquellas lomas-
Y nuevamente, se iniciaba una nueva canción que, hasta parecían en el metal de las voces, y el énfasis de las palabras, reflejar más convicción en las gargantas que las emitían, y vigor en los cansados organismos.
De pronto, los Maestroscout Díaz y Leoni que marchaban en avanzada con un señalero, ante la vista del Puente Negro, hicieron transmitir la novedad por el sistema morse con destellos de una linterna eléctrica, descifrado el mensaje por la casi mayoría de los integrantes de la Compañía, los mismos prorrumpieron en expresiones de alegría, pues, preveían que pronto llegarían al punto de destino, y, a la vez que podrían descansar, tendrían la oportunidad, tanto tiempo deseada de explorar el lugar al que imaginaban pleno de encanto natural que agrada al Scout, a quien se le enseña a amar la naturaleza y a sus múltiples y variados habitantes irracionales.
Traspuestos los últimos tramos del camino, la llegada fue registrada en la primer “novedad” de la Guardia Scout. Eran las 5 de la mañana. El nuevo día prometía una jornada calurosa y para los Scouts mucho trabajo. De inmediato el Jefe de Instrucción Maestroscout Segovia, a la vez Jefe de la primer guardia Scout en ese campamento, dispuso lo necesario para, tras un breve descanso que sirvió a la vez para que todos cambiaran sus uniformes por el más cómodo de “fajina”, continuar las tareas.
En la cocina ya estaba en preparación el estimulante “mate cocido” bajo la dirección experta y diligente del Jefe de la Administración, Maestroscout Andrés Díaz. En cuanto la criolla infusión estuvo a punto, el trompa de guardia llamó a “mate”, el cual tuvo inmediato y entusiasta eco en la alegre (a pesar del cansancio) formación.
Siguiendo las instrucciones previas, terminado el desayuno, las patrullas destacadas a cada carpa alojamiento procedieron, previamente, a limpiar el terreno señalado para una vez terminado este cometido, iniciar el armado de la carpa respectiva mientras tanto, la patrulla de guardia armaba el mástil y terminada esta labor, previa formación general, se cumplió con la solemnidad habitual, el izado del Pabellón de la Patria, escoltado por el estandarte Scout.
Ya el Jefe de la Administración, secundado por el Ayudante Scout Canesse y un grupo de Scouts, habían armado la carpa destinada a ese cargo y depositado en una parte de su interior los víveres secos y herramientas, para víveres frescos se había dispuesto un reparo a la sombra de los árboles, así como para la carne.
La labor de todos los integrantes de este campamento se veía favorecida por dos factores importantes, por un lado, el deseo implícito en todos los ánimos de ver instalado el mismo para saborear el triunfo de sus esfuerzos mancomunados, y el otro motivo, la presencia cercana y atractiva del rio que, con sus cristalinas aguas invitaban al baño con su secuela de entretenimientos. La palabra de los Jefes estaba empeñada, terminada la instalación y armado de las carpas y sus alrededores, podrían zambullirse en las mansas aguas (en ese momento) del río.
En la cocina continuaban con gran animación las tareas específicas de preparación del almuerzo, el menú previsto comprendía: una abundante y nutritiva sopa, y el tradicional y criollo puchero. También a estos esforzados trabajadores se les había prometido el reparador baño, en cuanto terminaran su cometido.
Para la admisión de las verduras necesarias en la preparación de las comidas se contaba con la producción de una quinta cercana, propiedad de un señor Varela, también en esa época, podían adquirirse algunas frutas igualmente producidas por la mencionada quinta.
Al segundo día de acampados en ese hermoso lugar el Maestroscout Segovia, hizo un valioso hallazgo, entre los claros del bosque que bordeaba al rio, descubrió una variedad de verduras, legumbres, hortalizas y hasta árboles frutales (en crecimiento) todo lo cual crecía espontáneamente en lo que se podía denominar “tierra de nadie”. Allí se pudo comprobar la abundante existencia de zapallos, acelga, coles, zanahorias, tomates, sandías y otras variedades que escapan a mi memoria.
La familia propietaria del establecimiento vecino eran del conocimiento y amistad del Maestro Segovia, en la primer visita efectuada a dichos vecinos, concurrimos entre otros con el Maestroscout Segovia, el Maestro Díaz, Guías Verdini, Sánchez y Roché, luego de presentarle nuestros saludos, el Maestro Díaz aprovechó la ocasión para concertar la compra diaria de los víveres necesarios así como leche y carne, el pan lo adquiríamos en el negocio del puente carretero.
En una visita posterior al mencionar el Maestro Segovia, la existencia de la “quinta solitaria”, el Señor Varela aclaró que debido a los desbordes del rio en épocas de fuertes lluvias, parte de su quinta se inundaba, y al correr las aguas, arrastraban semillas que luego fructificaban en los terrenos donde quedaban depositadas. Dado a que el rio hacía un recodo en su normal recorrido justamente en el lugar donde habíamos instalado el campamento, el terreno adyacente al recodo, es el que recibía en esas oportunidades las semillas que al germinar se transformaban en esos gratuitos frutos.
Los productos así obtenidos gratuitamente, proporcionaron un superávit imprevisto en las finanzas de la Institución. Madre Natura había cooperado una vez más con los que la conocían y amaban como lo mandaba el Código de Honor de los Boy Scouts.
Como en campamentos anteriores, la cocina fue atendida por los Maestroscouts turnándose diariamente con la, cada día más experta colaboración de los integrantes de la Patrulla de Guardia. El programa diario de instrucción, se cumplía con gran entusiasmo pues, el lugar (como dijéramos en otros pasajes de este relato) contenía todos los elementos materiales, para complementar los planes previstos; el rio para las necesidades del campamento, baño, aseo, natación, pesca, y juegos náuticos. Cursos de agua aptos para la práctica de construcción de puentes y pasarelas (se construyó una con troncos de árboles, cuya existencia fue comprobada durante varios años y fuera muy utilizado por visitantes ocasionales). Cerros vecinos, para la práctica de escalamientos, exploración y estudio de la flora. Vizcachas, peludos, perdices y martinetas, cuya caza estaba a cargo de los Maestros Díaz y Segovia, para degustarlos luego en gaucho “asador” de cuya preparación era un experto Don Andrés.
El fogón Scout fue animado noche a noche por los integrantes de las seis Patrullas con nuevos números de canto, recitados, y hasta diálogos cómicos (previamente ensayados en las horas de la siesta), rivalizando amistosamente en este concurso, como lo hacían en los de Practicas Scouts, Cocina, Atletismo y Juegos Scouts. Los días y noches de este campamento se sucedían con vertiginoso ritmo. Si bien todos añorábamos nuestros hogares, donde dejáramos con pesar, por breves días a los nuestros, el próximo final de este campamento, donde tan gratos momentos estábamos pasando, ponía un poco de pesar en nuestros ánimos. Pero, lógicamente el amor filial era superior a cualquier otro sentimiento.
Durante las guardias nocturnas, como había sucedido en los campamentos anteriores, el espíritu de hermandad Scout ponía en elocuente evidencia las bondades de la Escuela Scoutista. El deber, “uno para todos, y todos para uno” reza el axioma, y ellos lo comprendían y practicaban así. El registro de “novedades” era llevado con escrupulosa veracidad que demostraba la preocupación y responsabilidad de todos desde el Jefe hasta el Lobito de Guardia. Así desfilaban en cronológico orden: desde el toque de “Diana” hasta el de “Silencio” el paso de los trenes por el Puente Negro desde el cual se divisaba como una vista aérea el campamento Scout, cual si fuera una pequeña aldea poblada por minúsculos habitantes. Las infaltables visitas (casi siempre nocturnas) de los “Linyeras”, anónimos y humildes “aves de paso” de la campiña Argentina.
El día del regreso a la Sede Scout ha llegado, desde muy temprano, todos nos encontrábamos entregados a la tarea de desmantelar el campamento. Las carpas cuyas simples contexturas nos habían servido durante esos inolvidables días y noches de acogedor albergue habían sido cuidadosamente desarmadas y arranchadas para su embarque en los carritos. Cada porción del terreno utilizado en la instalación del campamento fue escrupulosamente limpiado, luego del almuerzo se desarmaron e higienizaron los servicios, apagaron los fuegos, enterradas las basuras y tapados los pozos.
Después de saludar a la familia Varela y agradecerle las atenciones tenidas con los integrantes del campamento, se procedió a arriar el Pabellón Nacional y Enseña Scout rindiendo los honores reglamentarios, todos los efectivos de la Compañía. Para no desmerecer el recuerdo de cuantos han participado de este campamento, ante la imposibilidad de recordar todos los nombres a través de los 49 años transcurridos desde esa fecha, prefiero recurrir a la bondad de los mismos pidiéndoles me disculpen y a la vez rememorar juntos aunque mas no sea con el recuerdo grato, esos momentos vividos en hermandad Scout.
Tras la orden de partida, la columna se puso en marcha al compás de una canción de ruta Scout que, como todas ellas hablan de amor al prójimo, alegría de vivir haciendo el bien, sacrificios de bienes materiales en aras a Dios, la Patria y por sobre todas las cosas terrenas, amor entrañable a los que les dieron el ser.
La visión del hogar lejano en la distancia material, pero cercano a sus más puros sentimientos iba acortando el camino a recorrer.
Y así, entre canciones, comentarios auspiciosos del campamento, se llegó a la Sede Scout, tras desfilar gallardamente por las calles céntricas de Punta Alta ante la admiración y aplauso de sus habitantes entre los cuales no faltara quien impulsado por sus sentimientos afectivos (padres o madres de los Scouts) dejaran rodar por sus mejillas lágrimas de alegría.
fuente: Memorias del MSN Alfredo Leoni

Tortuga Alegre







