Hace algunos años cuando yo tenía unos 14 o 15 de edad, en mi Agrupación Scout habían comprado una cámara fotográfica con algunos filtros y un teleobjetivo entre otros accesorios. El Maestro Roberto Campo, Jefe de la Agrupación me llamó un día y me dijo que yo tenía que ser el fotógrafo oficial de los Scouts Navales, y me entregaba en custodia ese equipo fotográfico. Le dije que no tenía ni idea de fotografía.
Su respuesta fue: "Eso no es problema. Se que vos vas a aprender" y así me puse a recorrer bibliotecas buscando libros para ver cómo se sacaban fotos (en esa época no había internet). Aprendí y tomé miles de imágenes no solo dentro del movimiento scout, sino fuera de él. Lo importante de esto no es que haya aprendido algo de fotografía, sino que aprendí que "nada es imposible". Y esencialmente eso es lo que les quiero transmitir a los jóvenes scouts.
Esta anécdota es extraordinaria. Y no por la cámara, lo extraordinario fue la respuesta de mi Maestro:
"Eso no es problema. Sé que vos vas a aprender."
En realidad, no me estaba entregando una cámara. Me estaba entregando confianza.
Hay una diferencia enorme.
Si me hubiera dicho:
"Tomá la cámara porque sos el que más sabe."
No habría cambiado mi vida (si realmente hubiera sabido del tema).
Pero me eligió cuando todavía yo no sabía.
En el transcurso de estas seis décadas que he pasado, en varias oportunidades me enfrenté a mi respuesta: "No sé hacerlo."
Y, sin embargo, cada una de esas ocasiones me dio una nueva oportunidad de aprender algo para resolver un desafío.
No porque ya supiera hacerlo, sino porque una vez aprendí que es posible aprender.
Creo que ese es el verdadero legado que me dejó mi Maestro.
Hoy yo, podría enseñar a los scouts a manejar nuevas herramientas.
Eso sería útil.
Pero si consigo transmitirles la misma confianza que mi maestro me transmitió aquel día, les estaría regalando algo que les servirá toda la vida.
Porque dentro de veinte años la herramienta habrá cambiado.
Pero la actitud de decir:
"No sé... todavía."
seguirá siendo válida.
En esa oportunidad, mi Maestro no me dio un curso.
No me dio un manual.
No me acompañó a la biblioteca.
Simplemente hizo una afirmación:
"Sé que vos vas a aprender."
Y en ese acto confió en mí.
Eso requiere mucho valor como educador.
Cuando seas parte de un grupo de trabajo para llevar adelante un proyecto, sería mejor no elegir al que más sabe de alguna herramienta para manejar algo del proyecto.
Hay que elegir al que muestre curiosidad.
Y decirle exactamente lo mismo que me dijeron a mi:
"Hoy no sabés hacerlo. Pero sé que lo vas a aprender."
Porque esa frase cambia la manera en que una persona se ve a sí misma.
Creo que el movimiento scout nos ofrece varias herramientas para muchos proyectos, aunque, el verdadero proyecto es formar personas que descubran que son capaces de aprender cualquier cosa si tienen un propósito y alguien que confíe en ellas.
Y esa idea nació mucho antes de Internet, mucho antes de Android, mucho antes de la inteligencia artificial.
Nació el día en que un Dirigente Scout puso una cámara en las manos de un adolescente de 14 o 15 años y le dijo:
"Eso no es problema. Sé que vos vas a aprender."
Esta anécdota, puede ser simpática, porque allí está el origen de muchas cosas que vienen después en la vida de un scout.
Pero llega un día en el que sos vos quien está por decirle algo muy parecido a otro grupo de scouts. Y tal vez dentro de cuarenta o cincuenta años, uno de ellos cuente una historia sobre un proyecto que llevaron adelante y diga:
"Yo no tenía idea de cómo hacerlo. Pero un viejo scout me dijo: 'No importa. Sé que lo vas a aprender'."
Si eso ocurre, la posta habrá sido entregada con éxito. Y ese, creo, será uno de los logros más importantes de la trayectoria de un Dirigente Scout.
En el scoutismo "jugamos aprendiendo" y "aprendemos jugando", que no es una técnica. Simplemente es vivir
Esa frase resume una forma de educar que muchas veces es difícil de explicar a quien no vivió el escultismo.
Hay una diferencia entre usar el juego como un recurso didáctico y hacer que el aprendizaje sea una consecuencia natural de la experiencia.
La historia que les conté de la cámara fotográfica es un buen ejemplo. Nadie me sentó en un aula para decirme: "Hoy vamos a aprender fotografía". Me dieron una responsabilidad real. A partir de ahí, el aprendizaje nació de la necesidad, de la curiosidad y del deseo de cumplir con esa confianza.
Creo que en el escultismo pasa algo parecido con muchas cosas:
- Se aprende a liderar... organizando una patrulla.
- Se aprende a hablar en público... conduciendo una ceremonia o presentando un fogón.
- Se aprende a cocinar... porque si no, el campamento no almuerza.
- Se aprende a orientarse... porque hay que llegar al destino.
- Se aprende a comunicar... porque alguien tiene que contar lo que el grupo hace.
El aprendizaje no está separado de la vida; es la vida misma.
Por eso me gusta decir:
"...que no es una técnica, simplemente es vivir."
Creo que esa última parte es la más profunda.
Cuando hables con esos scouts sobre un proyecto, por ejemplo, montar una radio en línea, no haga falta decirles: "Les voy a enseñar radio".
Podrías decirles algo como:
"Tenemos un desafío: queremos contar las historias del escultismo de una manera que llegue a otros jóvenes. ¿Cómo lo hacemos?"
A partir de esa pregunta aparecerán, casi sin darse cuenta:
- la radio;
- el podcast;
- la entrevista;
- la edición de audio;
- la escritura;
- la fotografía;
- el video.
No estarán aprendiendo esas herramientas porque alguien se las impone. Las aprenderán porque las necesitan para llevar adelante un proyecto que sienten como propio.
Y, si me permiten una observación, creo que esa misma lógica explica por qué, Dirigentes Scouts “cincuentones”, siguen aprendiendo cosas nuevas.
Cuando empezamos con la revista Teru Tero, no era un editor ni un diseñador de sitios web, ni otras cosas que todavía no puedo contarles. Sin embargo, había un propósito claro: que la revista llegara a más personas.
La necesidad me llevó a aprender a utilizar herramientas informáticas de edición, herramientas básicas para desarrollo web, etc. y mucho más.
En el fondo, sigo haciendo lo mismo que aquel muchacho de 14 o 15 años con la cámara en las manos: aceptar un desafío, buscar cómo resolverlo y aprender durante el camino. Y esa manera de aprender es, probablemente, una de las enseñanzas más valiosas que podemos transmitir a las nuevas generaciones.
En resumen. Haber vivido el scoutismo desde la Manada, la Unidad, o la Comunidad; son experiencias que ningún libro o curso nos puede dar. No hacen que seamos mejores que otros que no lo han vivido, pero nos da herramientas naturalmente, que otros no han tenido la oportunidad de aprender.
Las vivencias no pueden ser supuestas por otros, deben ser vividas (valga la redundancia) para que se queden grabadas en la mente, el corazón, y el alma.
Por eso siempre recomiendo a los padres que faciliten la participación de sus hijos en Grupos Scouts, les estarán regalando oportunidades que, si no se toman a tiempo, se pierden…

Tortuga Alegre







